![]() |
|
|||||
La apología de SócratesAntes de dirigirnos directamente al análisis del dialogo, es menester calcular el contexto de la historia. Esto, para tener la oportunidad de comprender en una mejor manera todas las situaciones contenidas dentro la defensa del propio Sócrates. Incluyendo ciertas actitudes que él mismo asume en determinados momentos. Las acusaciones como tales no hubiesen tenido mayor inferencia, de no haber sido por el resentimiento político que existía en ese momento en la antigua Grecia. Ya que se tenía la imagen de que Sócrates era un sofista, cosa completamente errónea, y fundada simplemente en el desconocimiento de algunos de sus conciudadanos y la enemistad que tenían hacia él. La denuncia principal fue presentada por Meleto, a la cual después se asociaron Ánito y Licón. Esta culpaba a Sócrates de impío, de no reconocer a los dioses del estado y tratar de implantar nuevos, además de corromper a los jóvenes. A pesar de lo graves que pudiesen sonar todos estos enunciados, era sumamente difícil que sus enemigos consiguieran demostrar su culpabilidad y casi imposible la pena de muerte. Pero para que esta imposibilidad se diera, Sócrates tendría que recurrir a la humillación propia y a pedir perdón por algo innecesario. Es en esta parte donde quisiera marcar un énfasis necesario. Sócrates, sabía y era consiente de que, la absolución tanto de culpa como de condena, era fácil de conseguir. Sin embargo sus convicciones y la filosofía que él había predicado durante lo largo de su vida, no podían ser envilecidas por la manera de actuar al momento de su defensa. Humillarse y suplicar no era algo que Sócrates haría, ni siquiera corriendo el riesgo de perder la vida. Es aquí donde la acusación toma su mayor acierto, en la imposibilidad de Sócrates de defenderse de la manera necesaria para salvarse. Justo después de hablar sus acusadores, Sócrates toma la palabra, e inmediatamente expresa sutilmente su repudio por lo que ellos han mencionado de su persona. De una manera cordial, expone sus deseos de ser entendido como un extranjero. Solicitando a los jueces que le escuchen como a un extraño, sin dar importancia a su acento o a su manera de hablar. En lugar de ello, pide que se atienda a las verdades que el mencionará. Sócrates hace una distinción entre los acusadores, definiendo a aquellos que le han creado mala fama en el pasado como los primeros, y a Meleto, Ánito, y Licón como los segundos. Dentro de su discurso presenta las pruebas de la errónea fama (3) que se le atribuye. Y poniendo como ejemplo la respuesta que el oráculo de Delfos le provee a su amigo Querefonte (4), al decirle que Sócrates era el hombre más sabio sobre la tierra. Provista esta mención al maestro, toma la decisión de comprobarlo, puesto que él cree que no es así. La investigación llevada a cabo por parte de Sócrates ocasiona que aquellos que han sido objetos de su investigación, encuentren su manera de pensar agresiva. Es por esto que ya se ha ganado enemistades desde antaño. Una vez hechas las diferencias y dando argumentos válidos para su defensa, Sócrates llama a Meleto al estrado, para interrogarle, de manera que responda a las acusaciones que ha emitido. Sorprende como Sócrates puede mantener la calma en tan delicado proceso, corriendo el riesgo de la pena de muerte. Pero él mismo ofrece la explicación a el jurado, cuando menciona que la decisión que ha sido tomada no le sorprende en lo mas mínimo. Sin embargo lo que si logra sorprenderle es la cantidad de votos a su favor, ya que de haber conseguido unos pocos más (5), habría terminado todo ahí. Desde el momento en que se lo notifica a Sócrates la acusación que le ha sido imputada, el prevé como es que podría ocurrir el juicio, y alcanza se alcanza a vislumbrar una preocupación previa. Esto hace suponer que el mismo Sócrates sabía, desde antes de iniciarse el juicio, que su muerte sería poco o nada evadible. Una vez internados dentro de lo que seria la elección de la pena que debería ser aplicada, Sócrates comienza un segundo discurso, ya no para salvarse de ser culpado, si no para evitar de la pena de muerte que había propuesto Meleto. Siguiendo la línea de comportamiento que había mantenido durante el juicio. Y hace la siguiente deducción; tiene la posibilidad de imponerse el mismo un castigo, para así poder salvar su vida, evitando la pena impuesta por sus acusadores. Sin embargo, en caso de hacer esto, estaría de alguna manera, admitiendo su culpa, y humillándose. Sócrates entonces se nota un poco más temeroso, pero no cede a sus sentimientos, y decide continuar su defensa dentro del mismo estilo. Ahora con un poco de desesperación se dirige al jurado, casi agrediéndoles, dada su incapacidad para ver la verdad tan lúcida que el les muestra con sus palabras. Sócrates entonces se encuentra convencido de que no le es posible auto-imponerse un castigo en sí, y propone al jurado, ser alimentado en el Pritaneo (6). Esto en contrapropuesta a la pena de muerte que ya había sido nombrada (7). Ya que él mismo no encuentra castigo alguno que le sea posible implantar a un hombre que tanto bien ha hecho, por lo tanto no le resta más que ofrecer que le impongan este mérito. Pero no iba a ser esta oferta con la que el maestro sentenciara su muerte, si no que, en el transcurso del discurso, y a través de ciertas explicaciones, Sócrates menciona que no podría ofrecer dinero por que no lo tiene. A excepción de que aceptasen lo que él podría pagar; una mina de plata. Platón, Critón, Critobulo, y Apolodoro se dan cuenta de que esa oferta sería la sentencia del maestro, y se prestan como fiadores para pagar 30 minas de plata entre ellos. “Así pues propongo esa cantidad” dice Sócrates, sentenciando con ello su destino, el tiempo que le quedaba de vida, y la injusticia que habría de culminarse con la última votación (8). Todo esto reafirmó lo que ya se sabía; que Sócrates, al ser por mucho el mejor de los hombres, tendría que entregar su vida para así, enseñar con su ejemplo, como debe de proceder el hombre. Siguiendo a la virtud antes que al temor. No nos queda mucho por decir. Y lo más importante se presenta ya señalado. Solo remito aquí una invitación a reflexionar, tanto en la manera de proceder se Sócrates y el ejemplo que por sobre todo mantiene. No hubo sentimiento que le dominase en ningún momento por encima de la razón. Lo último que resta por acotar es preguntarnos que tanto podemos aprender de tan impresionante muestra de convicción y virtud. 1.- Platón, Diálogos (tomo I), Ed. Gredos, Madrid España, 1997 |
Información» Escrito por: Neko-Mike» Fecha: Julio 25, 2009 » Categoría: Literatura » Artículos escritos: 1 Deja tu comentario
Otros artículos |
|
El Espejismo © 2008-2009 Todos los derechos reservados | RSS Feed | Recibe noticias por mail Mapa del sitio | Alianzo | Bitacoras | DirectorioPlus | Blogalaxia | Technorati | Keegy |
|