Probé dibujar, mis libretas nunca las llené y mis dibujos no los terminé. Eso sí, me acabé dos gomas de borrar, perdí más de diez lápices y perdí la cuenta de cuántas plumas.
Probé cocinar, madre me quitó el sartén de las manos y me dijo que ella hacía la cena, que yo mirara la televisión o que la mirara a ella.
Probé cantar, y canto, pero no me llama la atención.
Probé tocar un instrumento, la guitarra no me sirve, tiene muchos trastes. La batería no me deja coordinar. El piano tiene muchas teclas. Pienso que el bajo es demasiado para mí. Padre trajo unas… o unos… especies de tambores, de su ida a Cuba. Los toqué una vez y los dejé, porque con eso no se puede hacer música.
Probé escribir, y escribo, pero probé hacer otras cuantas cosas más.
Probé pintar, hice un desmadre en la sala de mi casa.
Probé ser responsable, y no pude. Trato, todavía, y soy cuanto puedo, pero no cien por ciento.
Probé coser, y nunca terminé ninguna prenda de vestir, sólo un cuadrito de esos que se usan para tomar cosas calientes. Y mamá lo tiró.
Probé dejar de pensar en ti, y lo único que conseguí fue escribir esta lista con ‘probé…’, sin dejar de hacerlo.
Muchas cosas no me salen. Muchas cosas sí me salen.
Detesto que no pueda detestarte y haga todo lo contrario a detestarte.
Quiero que sepas que te odio.
Poquito.
Y sólo por ahora.
(Probé odiarte, y mírame. No lo logré.)
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